JULIAN SILVAFERIA DE ARMAS

JULIAN SILVA 

«Admitir que eres un cobarde comprende cierto nivel de valentía, por ende, se puede ser valiente no siendo más que un cobarde»

 

Trabajar en una feria de armas puede ser bastante divertido. Yo lo hice porque en este país repartes volantes en la calle y limpias baños en el mismo día. A pesar de tanta historia de muerte auto infringida en mi familia y en la vecindad, tengo afición por los videojuegos en donde disparas contra soldados alemanes, rusos y hasta norteamericanos. No obstante, jamás presenté el servicio militar porque era muy consentido y me daba miedo. Las dos veces que peleé, perdí. En un enfrentamiento físico prefiero correr y que me llamen cobarde a enfrentar lo inevitable y que me partan la cara.

Mi familia paterna está loca desde que tengo memoria. Todavía recuerdo el funeral de mi tío siendo niño. Un arma protagonizó el final de sus días. Mi padre habría gritado de estar allí. Nunca antes lo escuché gritar pero es lo que todos hacían. Yo quería llorar porque ellos lloraban aunque no entendía debido a qué. El suicidio es un concepto confuso para un niño así como la idea de la mortalidad.

Quisiera decir que no me gusta la violencia porque soy pacifista. Podría argumentar que soy pacifista y lógicamente no me gusta la violencia, o bien, soy pacifista porque me da miedo pelear y siento terror ante la posibilidad de saborear mi propia sangre.

Admitir que eres un cobarde comprende cierto nivel de valentía, por ende, se puede ser valiente no siendo más que un cobarde. Rodeado de armas recordé mis días en el arcade. Hablo en tiempo pasado pero continúo participando en juegos de guerra por internet. Con un arma en la mano cualquiera es valiente. La valentía es como el supuesto de inocencia en la ley: todos lo somos hasta que demostramos lo contrario.

Los vecinos me enseñaron la fragilidad de la vida y la muerte. Un gatillo accidental es más común de lo que se imagina. Dos hermanitos juegan a los policías y ladrones pero uno muere en la vida real.

Mi favorito es el rifle de precisión. En la feria de armas empuñé uno por primera vez. No hay consecuencias cuando disparas en los juegos de video. Papá escondía su revolver en el closet y yo lo sostenía en mi mano frente al espejo. Imaginaba que era uno de esos soldados heroicos de las películas.

Quisiera decir algo en contra de las armas pero cada vez entiendo menos de todo. Antes creía conocer el comportamiento de las chicas y entre más pasan los años, me doy cuenta de que sé tanto de ellas como de mí mismo. “No matarás”, dicen los mandamientos. Eso sí que lo comprendo. A un cobarde como yo no le gusta la violencia pero es más por vanidad y orgullo propio que por amor a la humanidad.

El revolver de papá lo empeñamos en cuanto se marchó. Las balas se las cambié a un conocido por una guitarra de madera vieja. Esto fue hace muchos años, antes de la feria de armas e incluso de los vecinitos y su juego mortal de los policías y los ladrones. “No matarás”, dicen los mandamientos. En una tierra de locos furiosos debe haber alguno que resulte cobarde. Yo soy ese alguien y estoy seguro de que nunca voy a morir. El rifle de precisión lo empuñé por primera y última vez. Es mejor no tentar a la suerte.

4 thoughts on “

  • 10/07/2015 en 3:05 pm
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    Me gusta la última frase.. Es mejor no tentar a la suerte!

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  • 10/07/2015 en 8:04 pm
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    Felicitaciones Juli, muy buen artículo, muy acorde a nuestra realidad.

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  • 13/07/2015 en 6:03 am
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    Exelente todos somos cobardes pero sabemos disimular me gusta tu articulo al ser valiente de expresar tus sentimientos.:)

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  • 28/07/2015 en 8:59 pm
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    Sí mi corazon es mejor ser cobarde que empuñar un arma.

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