LILA…

Por RODRIGO DIAZ «YIGO»

Baterista Revólver Plateado 

Nunca me gustaron los gatos, siempre me inspiraron un poco de desconfianza y respeto por su espacio, irónicamente dos de sus características. Sus uñas me daban pavor y sus movimientos sigilosos una constante alerta. Sin embargo el sábado 20 de octubre de 2012 recibí una llamada de mi amiga de infancia Sharon Durán, Sharito como yo le digo de cariño siempre ha trabajado y ha hecho importantes acciones por los animales en Colombia desde muy joven, en ese momento la llamada tenía como fin preguntar si podíamos darle un hogar de paso a una gatica llamada Madona. Yo trabajaba como docente de batería en la escuela Fernando Sor y no podía recibirla por lo cual el osito “Liz” estuvo pendiente de recibirla y llamar a la veterinaria para recogerla, bañarla, cortarle uñas y hacer chequeo general ya que olía mal y eso no es normal en gatos. La primera impresión del veterinario era que estaba embarazada y no la podían bañar así, al igual tenía una infección bastante avanzada en las glándulas anales la cual producía el mal olor y la iba a dejar paralítica al poco tiempo de no ser tratada de inmediato, tenía la pata derecha encogida debido a una mala curación de fractura, tres colmillos partidos y dermatitis alérgica por picadura de pulgas. Mi condición para entregarla a la persona que fuera a adoptarla en ese momento fue dejarla muy bien de salud por lo cual comenzamos a llevar tratamiento de antibióticos, baños, soluciones, cremas, drenaje de las glándulas (esto era bastante terrible para ella y nosotros), pero sobretodo comencé a acercarme a ella, a ofrecer caricias hasta que se subió en mis piernas, era muy desconfiada, siempre estaba escondida y me sentaba al lado de su plato para que comiera ya que si me iba igual se iba corriendo. Muchos amigos aseguraban que esa gatica (Lady Gata, Madona) entre otros nombres que le tenían iba a estar mucho tiempo con nosotros, así fue, a los quince días ya tenía un cariño grande por ella, estaba bastante mejor de sus problemas y su mirada comenzó a cambiar.

 

lilia luego de 2 semanas en casa
Lila luego de dos semanas en casa

Para ese entonces decidimos quedarnos con ella y darle mucho amor, la llamamos Lila, en un comienzo quería Lilu como la del Quinto Elemento pero mis tíos Chachi y Alvarito tenían una perrita con ese nombre y al fin quedó Lila, cual mutante de Futurama. La mayoría de nuestros amigos decían que era una gata fea, color tapete embarrado, enrazada con fara, rata y otros chistes. Me daba mucha risa porque al verla sabía que no era un angora pero para mí era una hermosura perfecta, me arañaba jugando pero no me dolía, veía esos rasguños como marcas de cariño, me mordía igual jugando pero me reía al ver las marcas de un solo colmillo con punta y los otros tres planos (partidos). Compramos su cama, collares, juguetes, buena comida y sin embargo solo jugaba con corchos de vino, esferos y nuestras manos. ¡Actuaba! Liz le disparaba y ella caía de lado, era muy graciosa. Si nos reuníamos con amigos en el apartamento solo podía ver al fondo del pasillo la silueta esperando a que nos fuéramos a dormir con ella, inclusive nos llamaba, hablaba hermoso, nunca le escuché un miau normal, decía Aaa, Prrr, Waa, Mamá y gritaba como bebe cuando se quedaba sola. Uno lograba entender cual de estos sonidos era para comida, limpiar arena, quiero amor, quiero dormir o ya acuéstate. Si me veía en jornadas maratónicas escribiendo me quitaba la silla al primer descuido y no se levantaba, era su forma de decir vete a dormir ya y descansa. Siempre al llegar del trabajo o ensayos le daba un abrazo y ponía mi barba en su cabecita, ella ronroneaba durísimo solo con hablarle, al punto que le preguntaba si se estaba volviendo un marranito. Dormía sobre nosotros siempre.

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Lilita nunca dañó nada en casa, era muy juiciosa, nunca salía, viajamos algunas veces a Santander pero no le gustaba, prefería quedarse en casa y esperar nuestro regreso. En las mañanas me bañaba la cabeza, me sentía un cachorro y me daba una alegría infinita despertarme de esa forma tan tierna, si no me levantaba hacía ruido con bolsas o tumbaba lo que viera en mi mesa de noche, una vez llegué con monedas en mi bota al trabajo.

Para mi en este momento de mi vida no son gatos, son seres puros, perfectos, nos enseñan muchas cosas importantes sobre el descanso, el espacio, disfrutar al máximo lo mínimo, jugar siempre, amar sin pretensiones pero saber amar, disfrutar solo con poder ver por una ventana y esperar lo mejor de las personas así hagan daño sin sentido.

 

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Mi Lilis dejó este plano pero queda mucho amor, ese amor que se debe dar siempre. Siento como si el alma se quemara desde el centro, el corazón quisiera salir por la garganta y un constante deseo de despertar y encontrarla de nuevo en su camita o sentada en su rasca rasca.

Amen, ayuden, den lo que puedan, siempre serán amores diferentes pero sinceros y eternos. Si conocieron a Lila no creo que les hubiera dejado saludos pero ojalá la recuerden por su irónica fealdad, hermosa y completa para nosotros.

Te extrañamos Lilita…

Liz, Bruno y Yigo.

 

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Familia

 

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