UN EMPLEO PARA UN HIJO – HUMOR

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Por: Víctor Orielson León Parada

Abogado y Catedrático en Derecho Penal, 

 

ALGO DE HUMOR.

Recuerdo una anécdota que refería lo siguiente: Un ilustre exembajador y exministro de Estado, tenía un hijo calavera, bueno para nada y, desesperado, acudió a donde sus «amigos» de cofradía para conseguirle un puesto. Llamó al ministro de relaciones exteriores y le comentó la situación: «Ala Pacho, te pido un favor, consíguele un puesto a mi hijo en una embajada, por favor, me tiene mamado de su pernicia y desfachatez», Pacho, el ministro, le respondió: «Como no Enrique, justo ahora hay una vacante en la embajada de Inglaterra, el salario es de US$4000 dólares mensuales, mándame los soportes documentales». El padre, al ver el salario que iba a recibir su hijo, enseguida contestó: «Ala Pacho, gracias por la gestión, pero, creo que mi hijo no necesita ese cargo y ese salario, él es lo que tú y yo llamamos, «una calaverita», le gusta el vicio y el trago y cuando le hablan de trabajo, se asusta, Te agradezco pero, no.».

 

Luego Don Enrique, llama al ministro de Agricultura, para pedirle el mismo favor: «Ala Octavio, te pido un favor, ¿tenéis por ahí un cargo o empleo para mi hijo?». El Ministro Octavio le respondió: «Desde Luego Enrique, ni más faltaba, tratándose de ti, justo ahora, existe una vacante como jefe de archivo, el salario es de $5.000.000 de pesos, mándame los documentos de soporte». Don Enrique, quedó muy preocupado y se dijo, para sí mismo: «No cinco millones mensuales es mucha plata para este vago, de seguro se los mete en vicio y alcohol, mucho más que ahora el Nacional es el campeón de fútbol.»

 

En seguida, Don Enrique, llamó al ministro Octavio para decirle que, muchas gracias por el propósito de ayuda, pero que no aceptaba ese cargo para su hijo, dado que éste era una «calaverita» y muy irresponsable y de seguro, lo haría quedar muy mal, tanto a él como a su mismo padre. Don Enrique, le sugirió al ministro que: «No mira, ala, mi muchacho necesita es un cargo de auxiliar, de ayudante de algo, donde no tenga tantas responsabilidades y sobre todo, donde no gane tanta plata, con un salario mínimo y medio, con eso basta, lo de los buses». El ministro Octavio, le respondió: «Ala Quique, esa sí que es bien difícil de cumplir, me la pone muy arrecha, mano, imagínate que para acceder a un cargo de esa categoría, el sujeto debe presentarse a un concurso público donde se presentan casi que 200 mil aspirantes, debe pasar un examen psicotécnico el hijuemíchica, con razonamiento abstracto ventiado, matemática financiera, y que no lo pasa ni Einstein, además, debe esperar dos años para que lo califiquen y, lo más triste es el salario, que es el mínimo, además, debe pasar por un periodo de prueba, no jodás Quique, póngame una más fácil…» total, al hijo de Quique, le tocó emplearse en la Procuraduría General de la República, y servir al Pro-culo, llevándole la maleta cargada de crucifijos y hostias que repartía en cada comisión a nivel nacional. Como grave la cosa.

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